Vivències

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Relato corto 2: LAURA

Laura, se perdía en la inmensidad del océano- a aquellas horas- bien avanzada la tarde. Había adquirido aquella costumbre desde que tiempo atrás decidieron mudarse del pequeño piso en Barcelona, a aquel otro, que si bien no era más amplio, sí le permitía observar de cerca el mar. Éste, siempre había ejercido sobre ella un poder casi mágico.

Desde el balcón, vislumbraba la incomparable vista. Ésta no siempre se mostraba con el mismo ánimo o del mismo color. Aquel día, alrededor de las 20h, el mar presentaba una tonalidad azul marino, muy oscura, en contraste con el azul más vivo del cielo, en el que las máquinas voladoras creadas por la mano del hombre, dejaban unas rayas blancas formando caprichosas figuras. 


Algunas aves negras completaban el conjunto. Había llegado la hora de darse el festín, y a su reclamo, iban apareciendo más y más aves que revoloteaban de acá para allá sin aparente sentido.

Seducida por la visión, acudía el recuerdo de ayer. Decidió calzarse unas chanclas, coger el libro de poemas que siempre leía, bajar e impregnarse de sal y olor de mar; dejarse arrastrar por aquellos recuerdos que pujaban por salir a flote. 

Bajó las escaleras a buen ritmo, pero sin correr, como hacía tiempo atrás. Una vez en la calle, atravesó las vías del tren y se situó en unas rocas cercanas. Se quedó allí, a solas;  donde el mar y el cielo y ella, iniciaban  una conversación sin palabras. La luna que había tenido la diligencia de aparecer a la cita –no siempre le era posible- completaba aquel curioso grupo. Nadie más estaba invitado.



Laura dejó volar su imaginación, viajando mentalmente a un pasado lejano ya. En aquel pasado, se alzaba con soberbia y atrevimiento, una imagen y una voz, Había una serie de personas que acompañaban los recuerdos, pero éstas no tenían ningún protagonismo, tan sólo formaban parte del cuadro; igual que un bosque difuminado, adorna el fondo de aquello importante que captó el artista, con su pincel.


No abrió su libro en verdad pocas veces lo hacía a aquellas horas ante el mar, quedaba sobre su regazo como un juguete precioso. Los poemas, tan conocidos, estaban ya grabados a fuego en su memoria. En aquellos momentos, la voz creadora los recitaba para ella acariciándola con el terciopelo suave de su eco.


Gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas. La vista perdida en el horizonte. La llamada nuevamente se quedó sin respuesta y las preguntas se volvían a amontonar en su mente. A sabiendas de que en la vida todo tiene un principio y un fin, consciente de su elección y su deber, lo único que le quedaba era alimentar algo que sólo en aquel entorno podía vivir hasta el fin de sus días.

Pasó casi una hora en un nivel de semiconsciencia. Cuando recobró su estado natural, pensó en los suyos. La estarían esperando. Nunca le decían nada. Ellos sabían que ella tenía otra vida además de ellos. Los amaba, pero amaba sobre todas las cosas, su pasado. Lo que era ella ahora, se  lo debía en gran manera a aquella figura y a aquella voz querida y  añorada.


Un buen día, llegó a sus oídos que había partido para no volver jamás...

Montse, G.



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2 comentarios:

  1. Montse, Laura estaba muerta, verdad?...

    La soledad era un descanso de ruido y prisas. En aquellos momentos se sentía dueña de su tiempo, libre de ataduras y de compromisos.
    El silencio lo envolvía de pequeñas migajas de calma. Y en aquella apacible tranquilidad, le apareció un angelito caído del cielo cantando aquella canción

    "“Quinze són quinze, quinze quinze quinze. Quinze són quinze, quinze quinze són”
    Y como si fuera el conejo de Alicia en el país de las maravillas, se tomó un café con ella, mirando el reloj porque tenía prisa.

    “Quinze són quinze, quinze quinze quinze. Quinze són quinze, quinze quinze són”

    Te felicito, Montse.
    Una abraçada.

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    1. Sí Josep, creo que estaba muerta a menos que ella más adelante me haga pensar otra cosa. Este es el relato que envié a Literautas, basado en el micro:

      Línea del horizonte,
      siempre yaces tan lejos.
      La mirada perdida,
      añora y se funde en ti.
      Inevitable recuerdo de ayer,
      de un tiempo lejano ya.
      Desvanece el juguete precioso,
      irrepetible,
      que ya no será más.

      Muchas gracias por tu animado comentario.
      Una abraçada.

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