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lunes, 6 de julio de 2015

Soñar despierto


Con la noche, llegan mil soledades las mismas que durante el día se esconden en lugares recónditos de nuestra mente. Son como vampiros; se alimentan en la oscuridad. Cuando tímidos y todavía incipientes aparecen unos diminutos reflejos de lo que pronto será el sol, estas soledades corren a esconderse. 
El día trae nuevos afanes, buenas o malas nuevas, pero vestidas de luz y calor de sol. Quizás estos rayos vienen en nuestro auxilio...¿Quién sabe? Los misterios de la naturaleza, igual que los enigmas del alma humana, por más que se afane el mundo siempre se llega a un punto en el que el camino se acaba, y todo aparece rodeado de silencio y de sombra.
La luz invita a la observación del entorno, igual que la oscuridad invita al sueño, al cierre de los ojos. La noche se vuelve más negra cuánto más la miras. No hay nada, sólo el brillar de las estrellas y la luz de la luna. En las noches limpias, sin nubes, sin manchas, aquellas tililan y parecen querer decirnos mil cosas. 
¡Qué belleza! ¿Quién no siente algo indefinible al admirar un cielo estrellado? 
La imaginación vuela, y suele transportarnos a otro tiempo y a otra gente. Un tiempo que ya se fue y una gente que ya no está.  Durante unos minutos soñamos despiertos, y abrazamos aquello que somos, aquello que no resiste la luz del sol, aquello que se esconde, aquello que teme ser descubierto. Y las estrellas siguen brillando alrededor de la luna, en un baile incansable, alumbrando los sueños que la luz del día oculta.

Montse G.